REPORTAJES ESPECIALES

TERRITORIOS DE INNOVACIÓN:

La innovación social como motor de la innovación competitiva empresarial.

Todos los expertos están de acuerdo a la hora de diagnosticar la necesidad apremiante de lograr una mayor competitividad de la economía asturiana y ello pasa necesariamente por la capacidad de innovación de las empresas. La relación entre innovación y competitividad es incuestionable. La cuestión es cómo lograr empresas más innovadoras y en consecuencia más competitivas. En el debate político y social este discurso forma parte central del mismo.

Pero si esta es una necesidad apremiante de la región ¿Está la región “entrenada” para la innovación, (tanto para crear como para absorber innovación)? ¿Estamos enfocando de forma adecuada las soluciones al problema? ¿Es correcto el concepto de innovación que vertebra las políticas y programas de innovación? Intentare aportar una visión diferente al problema contestando a estas preguntas.
 
Quizá el foco donde se están concentrando la soluciones al problema no sea del todo correcto o no sea suficiente. Y me explico: la visión tradicional de la innovación basada en la definición del Manual de Oslo (y a pesar de sus sucesivas revisiones) no sea el más adecuado para la realidad actual. La visión lineal de la innovación intrínseca al modelo de Oslo (I+D+i) está condicionando las estrategias y los programas de innovación y presenta una visión muy reduccionista de la innovación. Reduciéndola exclusivamente a la innovación empresarial, sin tener en cuenta el contexto social donde se desarrolla la innovación empresarial. Esta forma de entender la innovación deja fuera del sistema cualquier otro tipo de innovación que no sea la estrictamente empresarial. Esta visión genera circuitos elitistas y cerrados, donde los que ya tienen una alta capacidad de innovación son quienes participan del sistema y capitalizan recursos públicos, dejando un hueco muy pequeño para nuevos participantes en el mismo.Quizá el problema radique, también, en la propia concepción política de la innovación que pretende generar innovación empresarial olvidándose del contexto social.
 
Para que exista innovación empresarial es condición imprescindible que exista un entorno social de alta innovación, es decir una sociedad con capacidad para crear innovaciones en todos los órdenes (educativo, cultural, artístico, gubernamental…), una sociedad capaz de absorber innovación endógena y exógena. Es decir, tiene que haber INNOVACION SOCIAL.
 
La Innovación Social es la capacidad de un territorio para reinventarse a si mismo potenciando valores de futuro, dinamizando a todos los agentes claves para que puedan y sepan descubrir potencialidades endógenas, sepan complementarlas y articularlas con conocimiento exógeno, para crear innovaciones que repercutan en una mayor calidad de vida y competitividad empresarial. La Innovación Social entiende el territorio como un espacio “multi-stakeholder”, abierto a la sociedad civil para cultivar la creatividad y la innovación política, social, solidaria, educativa, cultural, artística, técnica, científica y empresarial.
 
La Innovación social promueve vivir, educar y trabajar la creatividad, la co-creación y la innovación, en un espacio donde el laboratorio es el propio territorio, en un contexto de interrelación entre multiagentes que trabajan de forma colaborativa bajo el principio de “open innovation”.
 
Existen estudios empíricos que demuestran que la capacidad de absorción de innovación de un territorio condiciona el desarrollo empresarial del mismo. Por tanto hablar de innovación en el territorio supone hablar de dos conceptos indisolubles: innovación social + innovación empresarial. La relación es directamente proporcional: a mayor nivel de absorción de la innovación de un territorio (innovación social), mayor es la capacidad de innovación empresarial. Y por el contrario una menor permeabilidad social a la innovación, supone un menor nivel de innovación y competitividad empresarial. Primera conclusión, es necesario innovar en los sistemas de innovación.
 
Quizá tengamos que abordar el problema desde una perspectiva más amplia (más allá de la óptica empresarial), la innovación como un proceso que afecta a toda la sociedad (el gobierno, las personas, la educación, la cultura, el arte, el ocio, la empresa…), es decir desde la innovación social. No se trata de cambiar el foco (abandonar las estrategias de innovación empresarial), sino de ampliarlo sustancialmente (la innovación como un proceso que afecta a todos los ámbitos de la sociedad). Esta nueva óptica supone reconocer que gran parte de la innovación se produce fuera de sistemas estructurados  y, al mismo tiempo, reconocer la innovación procedente de la sociedad civil que adquiere un protagonismo relevante por su capacidad de co-creación colectiva.
 
Las estrategias exclusivamente empresariales, a pesar de los esfuerzos inversores realizados en los últimos años, no han dado el fruto deseados como constatan los datos estadísticos. El círculo de las empresas con capacidad de innovación crece lentamente y necesitamos una mayor celeridad.
 
En Asturias es estratégico que la cultura de la innovación cale en la sociedad, para ello es necesario “crear cantera”, hacer “caldo de cultivo” para que la innovación transcienda de los focos clásicos (empresariales, universitarios…) e impregne a la sociedad. Y para ello se requieren estrategias, compromisos y liderazgos compartidos.

 

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